16 may. 2012

Lo, o el presente de encarnación

-Nunca no lo conseguiré, señor.
-¿Cómo dices?
-¡Nunca no lo conseguiré!
-¿Qué quieres decir?
-¡Nada de nada! ¡No quiero conseguir nada!
-¿Y entonces por qué tienes tanto miedo a no conseguirlo?
-¡No quería decir eso!
-¿Qué querías decir pues?
-¡Que nunca no lo conseguiré, eso es todo!
-Escríbelo en la pizarra: nunca lo conseguiré.
Nunca le conceguiré.
-Te has equivocado de pronombre. Este es para el complemento indirecto, más tarde te lo explicaré. Corrige. Has de utilizar el lo. Y conseguir va con s.
Nunca lo conseguiré.
-Buena. ¿Y qué te parece que es ese "lo"?
-No lo sé.
-¿Qué quiere decir?
-No lo sé.
-Pues bien, es absolutamente necesario que averigüemos lo que quiere decir, porque eso es lo que te da miedo, ese "lo".
-No tengo miedo.
-¿No tienes miedo?
-No.
-¿No tienes miedo de no conseguirlo?
-No, me la trae floja. 
-¿Cómo?
-¡Que me da igual, vamos, que me importa un higo, paso de eso!
-¿Te importa un higo no conseguirlo?
-Me importa un higo, eso es todo, yo paso.
-Y eso, ¿puedes escribirlo en la pizarra?
-¿Qué, que me importa un higo, que paso?
-Sí.
Mimporta un igo. Paso deso.
-Me y luego importa. Ahí has descubierto un nuevo verbo, mimportar, en la primera persona del presente de indicativo. Y tu higo lleva h. Además, pasas de eso.
Me importa un higo. Paso de eso.
-Bueno, ¿y qué es precisamente "eso" de lo que pasas?
-...
-¿Qué es "eso"?
-No lo sé... ¡Todo eso!
-¿Todo eso, qué?
-¡Todo eso que me toca las narices!

DANIEL PENNAC, Mal de escuela

PD: Tenía que mostrarlo

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